| 25.10 |
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Con la llegada del otoño, el abrasador aliento del verano se desvanece, dando paso a una estación fresca y vivificante. El aire se impregna de un susurro leve, mientras los bosques se transforman en un tapiz de fuego y oro: las hojas se tiñen de rojos intensos, ocres profundos y dorados fulgurantes. |
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| Esta metamorfosis natural, conocida en Japón como koyo o momiji, ha sido objeto de contemplación y reverencia desde tiempos ancestrales. Entre las leyendas que brotaron de esta fascinación destaca la "Leyenda de Momiji", una historia que alcanzó gran popularidad en siglos pasados y que fue llevada a las artes escénicas tradicionales bajo el título Momijigari. |
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| Representada en el teatro Noh y el Kabuki, Momijigari entrelaza la belleza
efímera del paisaje otoñal con lo sobrenatural, creando un universo donde
el orden y el caos, lo sublime y lo siniestro, conviven en tensión poética. |
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| La figura de Momiji encarna esta dualidad: es a la vez símbolo de la contemplación estética y manifestación del terror. Según una versión extendida de la leyenda, Momiji fue originalmente una mujer noble que, tras lanzar una maldición y causar la muerte de la esposa legítima de su amante, fue condenada al exilio. Vagó hasta llegar a la remota región de Kinanashi, donde los aldeanos, ignorando su pasado, la acogieron con respeto y afecto. |
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| Sin embargo, con el tiempo, su naturaleza oscura resurgió, transformándose en una kijo -una demonio femenina-que comenzó a cometer actos malvados. Alarmada por sus crímenes, la corte imperial emitió una orden de exterminio. |
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| En la narración escénica, el valeroso guerrero Taira no Koremochi es enviado
a investigar los rumores de apariciones demoníacas en las montañas. |
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| Allí, es invitado a un banquete por Momiji y un grupo de mujeres de extraordinaria
belleza. Embriagado por la atmósfera festiva y el hechizo de sus anfitrionas,
casi sucumbe a su embrujo. |
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| Sin embargo, gracias a una revelación divina, logra percibir la verdadera naturaleza demoníaca de Momiji y, en un acto de coraje, derrota al espíritu maligno. |
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| Esta historia, a la vez lírica y aterradora, refleja la eterna lucha entre lo humano y lo sobrenatural, y la sensibilidad japonesa hacia la transitoriedad de la belleza -esa que florece en el instante y se desvanece como las hojas al viento. |
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