El arte de lo esencial
25.9.2

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La cultura japonesa celebra la belleza del cambio de estaciones, especialmente en septiembre, cuando comienza el otoño.
Durante este mes, se llevan a cabo diversas tradiciones que expresan un respeto por la naturaleza y los antepasados. Una de las costumbres más elegantes y significativas que se practica desde hace más de mil años es el Tsukimi, o la contemplación de la luna llena de otoño.
Durante el período Heian (794-1185), Japón experimentó un notable florecimiento cultural y un dominio aristocrático. Esta época se caracteriza por el desarrollo de una sofisticada cultura cortesana, donde la nobleza cultivó rituales y costumbres que reflejaban su estatus y refinamiento.
Se organizaban banquetes nocturnos en los jardines, donde los nobles se sentaban junto a estanques o navegaban en pequeñas embarcaciones decoradas.
Durante estas fiestas, se recitaban poemas (waka), se tocaban instrumentos musicales como el koto, y se bebía sake.
A veces, se colocaba la luna dentro de una copa de sake. Al contemplar la luna reflejada en la copa mientras se bebía sake, se disfrutaba de la sensación de incorporar la luz lunar al cuerpo.
No se trataba simplemente de un juego, sino de un acto espiritual en el que se saboreaba la unidad con la naturaleza y la impermanencia de la vida. Para los adultos, hay una sensación de que el verano se escapa lentamente, dejando atrás recuerdos cálidos y un poco de nostalgia.
Un ejemplo de poema de la época:
"En la noche de luna llena de septiembre, cuando el rocío se convierte en perlas, aunque lo vea, nunca me cansaré"
Esta forma de contemplar la luna refleja el concepto japonés de "wabi-sabi", que valora la belleza sutil, la impermanencia y la armonía con la naturaleza. No se trataba solo de mirar la luna, sino de crear una experiencia poética y espiritual.