| 26.2.4 |
SOY NEWSLETTER
|
|
En Japón, febrero sigue siendo un mes frío, pero el día 14 ocurre algo curioso: en el ambiente flota un aroma dulce. Y aquí aparece la primera diferencia con lo que solemos ver en Europa. Mientras que en nuestro lado del mundo San Valentín es un intercambio mutuo de flores, tarjetas o cenas, en Japón se popularizó como "el día en que las mujeres regalan chocolate a los hombres". |
|
 |
| Todo comenzó en los años 50 con una campaña de marketing de una empresa de chocolate, y funcionó tan bien que hoy es casi una tradición nacional. Un mes después, en marzo, llega la respuesta: los hombres devuelven el detalle con algún regalo a ellas. |
|
| Ahora, lo verdaderamente divertido es observar lo que ocurre el mismo día. Las mujeres viven la mañana del 14 como si empezara una misión secreta. El "chocolate de verdad", el que va dirigido al hombre que les gusta, viaja en el bolso protegido como si fuera una joya. Incluso la cinta del envoltorio parece tener importancia. |
|
| Por otro lado, está el famoso "Giri-choco (el chocolate por compromiso)". Ese es para compañeros de trabajo, jefes o conocidos. Aquí la estrategia importa: tamaño adecuado, precio razonable y un momento de entrega que sea rápido y público. Nada de escenas románticas, es más bien lubricante social. |
|
| Los hombres, por su parte, dicen no esperar nada... pero la realidad es
otra. Muchos van ese día a la oficina ligeramente más arreglados, y al
llegar revisan la mesa con una naturalidad muy poco natural. Durante la
pausa de comida, cuando las mujeres empiezan a moverse, ellos adoptan una
postura un poco más seria, como si la casualidad pudiera ayudarles. |
 |
| Cuando reciben un "Giri-choco", reaccionan con un "¡muchas gracias!" muy formal, pero por dentro están celebrando una pequeña victoria: "No es romántico, pero cuenta...". |
|
| Y luego está el momento del chocolate "serio". La mujer busca una esquina tranquila, un pasillo desierto o la salida al final del día. El hombre siente la atmósfera y empieza un monólogo interno: "¿Es ahora? ¿Será para mí? ¿Me lo estoy imaginando?". |
 |
| Si finalmente recibe esa caja, intenta mantener la compostura -los japoneses
valoran mucho la discreción- y se limita a un "arigato" muy corto.
Después, ya lejos de testigos, examinará el envoltorio con una sonrisa
imposible de disimular. |
 |
| Como ve, el San Valentín japonés va mucho más allá del chocolate. Es una celebración hecha de matices: timidez, cortesía, expectativas silenciosas. Al actuar pensando en otro -a veces con el corazón un poco inquieto- surge un calor discreto en medio del invierno. Por eso aquí el gesto pesa tanto como el dulce: porque crea un instante cálido donde antes había sólo frío. Y ese pequeño calor, más que el chocolate, es el regalo que realmente perdura. |
 |
|