| 26.3.2 |
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Marzo es un mes que, visto desde España, adquiere una resonancia particular cuando dirigimos la mirada hacia Japón. Entre ambos países, separados por miles de kilómetros, existe en estas fechas un extraño espejo: dos memorias distintas que, sin proponérselo, se reconocen. |
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| Para nosotros, el 11 de marzo evoca inevitablemente los atentados de Madrid de 2004, una herida profunda
que marcó a toda una generación. Y, sin embargo, al cruzar la mirada hacia
el otro lado del mundo, descubrimos que esos mismos días también están
cargados de memoria y de una sensibilidad muy parecida. |
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| El 10 de marzo de 1945, en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, Tokio sufrió
un bombardeo devastador que arrasó barrios enteros y dejó tras de sí un
dolor difícil de medir. Y apenas un día después en el calendario, el 11 de marzo nos lleva a 2011: el gran terremoto y tsunami del este de Japón. A las
14:46, la tierra tembló y una ola gigantesca transformó ciudades costeras
en cuestión de minutos. Tres fechas distintas, separadas por décadas y
por continentes, pero unidas por la misma fragilidad humana y por la memoria
que permanece viva en tantas familias. |
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| Y, aun así, la primavera regresa cada año con una serenidad casi obstinada. La luz se vuelve más limpia, los primeros brotes asoman en silencio y el aire trae un matiz nuevo, como si la naturaleza recordara que la vida insiste incluso en los lugares donde el dolor dejó huella. A veces basta el olor de la tierra húmeda o el sonido de un pájaro al amanecer para comprenderlo. |
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| Es entonces cuando lo cotidiano revela su verdadero valor. Lo que ayer parecía normal -un paseo, una conversación, una tarde cualquiera- se convierte en un tesoro discreto. Las jornadas marcadas por la tristeza enseñan precisamente eso: lo extraordinariamente precioso que es lo que parece rutinario. |
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| Quizá por eso, cuando uno vive en Japón o conoce de cerca su cultura, comprende que marzo no es solo un mes de duelo. Es también un tiempo de recogimiento silencioso, de respeto por la memoria y de profunda gratitud por la vida que continúa. |
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| En esa convivencia entre dolor y renacimiento, Japón encuentra una forma de seguir adelante; una forma que, desde España -donde marzo también guarda su propia herida-, adquiere un eco especialmente hondo. Un recordatorio de que, incluso herida, la vida sigue buscando la luz. |
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