Choque cultural
26.4

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Observar la vida cotidiana en Japón me ha enseñado algo que nunca imaginé: la cultura no solo se piensa, también se mueve. Se inclina, se acerca, se detiene, respira. Y pocas cosas lo muestran tan claramente como los saludos.
En España, ya lo sabemos, un saludo suele empezar con un beso en cada mejilla. Es un gesto cálido, directo, casi musical: un paso, una sonrisa, y ya estamos cerca.
Pero en Japón... ah, en Japón el saludo es otro universo. Allí, la distancia es parte del respeto, y el cuerpo entero participa en ese pequeño ritual llamado "OJIGI", la reverencia japonesa.
ojigi
La primera vez que vi un saludo japonés, no pude evitar pensarlo: "Esto tiene algo de samurái."
No es broma. El modo en que un japonés mide la distancia, ajusta la postura y decide el ángulo exacto de la inclinación tiene una precisión sorprendente. Recuerda a los antiguos guerreros calculando la distancia con la punta de la katana.
Por supuesto, hoy nadie lleva una espada. Pero hay una concentración silenciosa, una elegancia contenida, que hace que uno se pregunte si no queda todavía un eco de aquella disciplina ancestral.
Katana
Y claro, cuando un español —acostumbrado a lanzarse con entusiasmo hacia la mejilla del otro— se encuentra con este saludo tan medido, el resultado es casi siempre el mismo: frena en seco.
"¿Me acerco? ¿No me acerco? ¿Le doy la mano? ¿Me inclino también?"
Una coreografía improvisada que, vista desde fuera, es pura comedia.
besos
Pero la escena contraria es aún mejor. Cuando un japonés llega a España y se enfrenta por primera vez al beso, empieza el verdadero espectáculo.
¿Derecha o izquierda?
¿Una mejilla o dos?
¿Se avanza primero o se espera?
Y en ese breve instante de duda, ocurre lo inevitable: dos frentes que chocan con un suave "toc". No duele. Solo provoca una risa tímida, un "perdón, perdón" y, curiosamente, una cercanía inmediata. Porque nada une más que equivocarse juntos.
choque
Lo fascinante es que ambos gestos —el beso español y la reverencia japonesa— nacen del mismo lugar: el deseo de mostrar respeto y amabilidad.
Solo que uno lo hace acortando la distancia, y el otro la mantiene para honrar al otro.
Dos caminos distintos hacia la misma intención.
manos
Y ahí está la magia del encuentro cultural.
En ese pequeño choque -a veces literal- descubrimos que el mundo es más amplio de lo que pensábamos, y que nuestras costumbres no son universales, sino hermosas particularidades...
aisatsu
Por eso, cada vez que saludo en Japón o en España, recuerdo lo mismo: las culturas se vuelven más interesantes justo cuando chocan.
Y en ese instante, entre la torpeza y la risa, nace una forma nueva de entendernos.